“Érase una
vez... jefes, jefazos y jefecillos.”JUAN JOSÉ ALMAGRO
Decálogo
para ser un buen jefe
Buena parte de la literatura centrada en temas
de liderazgo empresarial tiene como protagonistas a altos directivos, a los que
llevan las riendas de la empresa. Lo original de Érase una vez... jefes,
jefazos y jefecillos es que hace el esfuerzo de bajar unos cuantos peldaños
para analizar cómo dirigen a sus empleados los mandos intermedios, ejecutivos
que resultan clave para la marcha de la empresa pero que según el autor no
reciben la atención que se merecen,
La primera conclusión es desalentadora. Estos jefes, que están siempre en medio
pues no se les puede considerar trabajadores de base pero tampoco directivos,
prefieren en muchas ocasiones asustar, controlar, presionar y exigir a sus
subordinados en lugar de hacerles comprometerse con su trabajo.
El punto de partida del libro es una
anécdota que resume las características básicas que deben tener los buenos
jefes. El autor, que ha ocupado distintos puestos directivos en la compañía
aseguradora Mapfre, le preguntó a su madre de 91 años cómo creía que debía ser
el jefe perfecto y ésta respondió: "Deben cumplir con su obligación, saber
crear un ambiente agradable, respetar a sus empleados y hacerse respetar".
De esa conversación, surgió también la definición de jefecillo
que provocó incluso un cambio en el título. Los jefecillos son aquellos
ejecutivos que, tengan la categoría que tengan, gritan a la menor excusa y se
creen siempre lo que no son.
Dando vueltas a esta idea básica, el texto desgrana
esas virtudes del buen jefe, en algunos casos de forma un tanto desordenada.
Algunas caen por su propio peso, aunque hay muchos jefes que se olvidan de
ello. Un ejecutivo debe dirigirse siempre a sus empleados con educación,
respeto y sinceridad porque, según el autor, de las malas maneras al acoso
laboral sólo hay un paso.
La reflexión sobre estos nuevos jefes queda recogida
en un decálogo, cuyo objetivo no es que se cumpla, sino hacer reflexionar al
lector, si es un mando intermedio en una empresa, sobre todo.
En primer lugar,
los jefes deben querer serlo y saber por qué quieren serlo (es habitual que
muchos jefes lo sean porque se ven obligados a seguir progresando no porque lo
deseen en realidad); respetar a los
demás y a sí mismos; ser tolerantes; tener ganas de aprender y de enseñar; ser
innovador; tener capacidad para delegar algunas funciones en sus empleados;
comunicar bien para que ningún subordinado se lleve a engaño; ser leal y estar
comprometido con la empresa, con el proyecto que se le haya encomendado y con
sus empleados. Y dar ejemplo. Si el espejo en el que se miran los jefes del
futuro es un ejecutivo que impone el terror es probable que ellos repitan sus
pasos.
DEBATE
¿SON PELIGROSOS LOS JEFECILLOS?
¿CÓMO PROPONE
ALMAGRO QUE DEBE SER UN BUEN JEFE INTERMEDIO?
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